diumenge, 25 de maig de 2014

JUICIO ORAL 123/2014

El juez Romo tomó asiento en medio de un silencio abrumador. De repente, sus intestinos se revolvieron y su rugido resonó como una acusación. El Juez respiró hondo y leyó las palabras que tenía escritas ante sí. Al detectar una falta de ortografía, torció el gesto. Las normas -se dijo- están para ser cumplidas. Su padre se había hartado de decírselo y él mismo se lo había repetido mil veces a su esposa. De pronto, el recuerdo del olor de la sangre regresó por un instante y agitó de nuevo sus entrañas.

Cuando la sacudida remitió, el juez miró su reloj y descubrió que había perdido completamente la noción del tiempo. Debería darse prisa si no quería llegar tarde a su último juicio. Accionó la cisterna y contempló como los restos descompuestos de su última comida se sumergían en la insondable profundidad de la taza del váter. Antes de salir del retrete, sin embargo, se detuvo ante la puerta y tachó compulsivamente la aberración ortográfica que la mancillaba mientras se repetía que las normas estaban para ser cumplidas. No cometerás adulterio –reflexionó- era, por cierto, una norma bien clara.

El juez Romo entró en la Sala de Audiencias con toda la parsimonia que solía emplear. El Presidente del Tribunal le invitó a sentarse.


-  Se abre la sesión del juicio oral 123/2014. Sr. Romo: Se le acusa del asesinato de su esposa, ¿Se declara Usted culpable o inocente?


CONSTRICCIONES INICIALES

1. Relato a partir de una noticia aparecida en la prensa