diumenge, 20 de setembre de 2015

BAJO CUSTODIA

Despertó sin nombre y con un cosquilleo en la espalda. Las miradas de las personas que se arremolinaban a su alrededor le hicieron ser consciente de su desnudez, pero no sintió vergüenza.

Alguien le susurró unas palabras al oído y le ayudó a izarse del suelo. Al incorporarse, una urgencia inaplazable le impelió a correr hasta un edificio de viviendas cercano. Traspuso el portal y fue directo al tercer piso. Envuelto en un humo negro, el llanto de una niña, inundaba el rellano.


Más tarde, la pequeña explicaría en la televisión que un señor con alas la sacó del fuego.


Constricciones: 
Cien palabras